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Tour guiado a través de la escalera al cielo

De la mano de dos guitarristas mexicanos, acompañados por el Buena Vista Social Club, ascendamos de nuevo por la escalera más famosa de la historia, con una nueva perspectiva y a un ritmo diferente.

Pintura: Jazz it up | Artista: Eric Waugh

La música como todo arte está inmersa en ambigüedades. Los mismos parámetros que intentan evaluarla o medirla de alguna forma, terminan por desaparecer en el consenso, pues a pesar de que hayamos quienes encontramos mayor valor en las propuestas musicales y líricas en sí mismas, hay quienes definen la calidad, el impacto y la relevancia con otros criterios.

Un elemento en particular de la creación musical, sin embargo, pareciera resistirse a la interpretación. No porque éste no sea interpretable, sino porque suele ser tan puro que el concepto mismo de ambigüedad se desvanece ante él. El significado y la motivación importan poco cuando, lejos de analizar, la respuesta razonable es sencillamente contemplar.

Pudiendo ser tan abstracto como concreto, tan primitivo como ornamental, y cuya presencia es tan notable como su ausencia, este elemento se puede sentir en cada una de las primeras ocho notas de la guitarra de Rodrigo: la intención. 

Será esta intención la que nos guiará durante el inicio del recorrido.

Primeros escalones

Ocho notas son presentación suficiente para el magnífico arreglo musical que seguirá. Ocho notas que nos permiten sentir que sabemos de qué canción se trata, pero no identificarla inmediatamente. Ocho notas tan intencionales que, sin haber concluido la primera frase del verso, ya sabemos que lo que sea que siga merece nuestra atención.

Primeros peldaños de la escalera al cielo

Al terminar de revelar de qué canción se trata, la guitarra parece coquetear con el silencio, como evitando volver a él. Prolonga la conclusión de esa primera frase a través de un armónico elegante y atinado, y el verso continúa con mayor soltura por parte del talentoso guitarrista.

El arreglo ha sido presentado y aún le queda espacio a esta primera parte del tour. Todavía guiados por el fraseo flamenco de la guitarra de Rodrigo, quien juega hábilmente con la tensión y la calma, casi seduciendo al oído con el pavoneo de su talento, los primeros versos concluyen con un arrebato de destreza que, de ser el cierre de la interpretación, seguiría siendo un gran tributo a Led Zeppelin. Por supuesto, la canción y los intérpretes dan para mucho más.

Nos despiden esas mismas primeras ocho notas, con la misma ejecución, hasta la misma intención tal vez, pero no la misma soledad. Es ahora cuando la guitarra nos confiesa que con cada nota ha estado apuntando hacia el resto de los instrumentos que la acompañarán en su ascenso, subiendo cada peldaño de la escalera junto a ella.

Comienzan presentándose el contrabajo y algunas tímidas percusiones que traen brillo y profundidad a la escena. Se percibe un aire de transición después de esa golpeada frase descendiente de la guitarra, que a su vez transmitió un poco de ansiedad por pasar a la siguiente sección. Y ahora acompañados también por el sutil arrullo de una voz femenina, la introducción nos entrega, como no queriendo, a la siguiente etapa del tour.

Compañía en el camino

Con una reputación histórica de ser un ilustre cambio musical, empieza la segunda parte como una extensión de la despedida del movimiento anterior, enriquecida ahora por la guitarra de Gabriela, formidable complemento musical de Rodrigo desde 1993. 

Ese cambio se hace presente a medida que la voz flamenca de las guitarras va quedando más y más envuelta en el coro latino de piano y percusiones. Los instrumentos nos ofrecen juntos un pequeño aviso con ocho acentos entusiastas que nos invitan a recordarlos. Por lo pronto, solo toma lugar un nuevo despliegue de virtuosismo que devuelve a los excelentes guitarristas mexicanos un poco de protagonismo.

En toda esta segunda sección, la interacción entre los instrumentos nos ofrece la oportunidad de apreciar al elemento artístico mencionado al inicio con una nueva perspectiva. Ya no se trata de ocho notas en soledad. Es ahora en un magnífico ensamble musical intercultural donde podemos redescubrirle. De lograrlo, la música recompensa con una caricia que eriza la piel:

Las intenciones independientes de cada instrumentista conforman una genuina intencionalidad grupal. Cada músico aporta con su intención esa pureza que hace que cualquier análisis más allá de la apreciación se sienta como una pretensión vacía. Es esta pureza la que origina y fortalece a la conexión característica de Rodrigo y Gabriela; es esta pureza la que le concedió la inmortalidad al Buena Vista Social Club y a Led Zeppelin. Es esta pureza la única que propicia la sinergia entre los tres grupos en este ascenso por la escalera al cielo.

En medio de esta sinergia, una guitarra nos regala la melodía de los versos posteriores a la mítica entrada de la batería de John Bonham en la canción original. Breve, pero completamente intencional, esa melodía es una reverencia a los autores, pues en este colorido contexto musical, se vuelve inevitable reconocer que los intérpretes se han apropiado por completo de la canción. Rescatan atinadamente los elementos esenciales de la composición original, como esa melodía, pero en general, el arreglo es una obra que se siente solamente de ellos.

Fragmento de la interpretación,
partiendo desde de esos ocho acentos, .

Llegando a la cima

Despidiendo a la ejemplar sección, escuchamos de nuevo esos ocho acentos, que nos compartieron su emoción en un principio, pero será hasta ahora cuando nos lleven a la célebre antesala del clímax.

Gabriela es quien nos recibe aquí. Su distintivo rasgueo, cuya técnica tiene fama internacional de prodigiosa, amerita ser el dirigente de esta transición. En la guitarra de Rodrigo suenan exactamente las mismas primeras frases del legendario solo de Jimmy Page y el dúo mexicano se adueña súbitamente de los reflectores. 

Ella ostenta su inigualable técnica, con velocidad y elocuencia. Él se desprende del solo original, descendiendo por el brazo de la guitarra hasta sumarse a los acordes de Gabriela. Desde ahí, ambos ascienden de manera impetuosa y emocionante, cuando se integra el piano para entregarnos al gran momento de la canción…

Al final del recorrido

Una gran explosión de metales resulta de la convergencia de intenciones roqueras, flamencas y el Buena Vista Social Club. Los instrumentos se integran para enriquecer la escena, con las guitarras ahora en el fondo y el piano marcando los acentos.

Resolviendo guiados de nuevo por los autores del arreglo original y con el piano reincoporándose magistralmente, los músicos nos llevan hacia un nuevo momento de tensión para mantenernos absortos, pues lo que sigue será la conclusión del álbum.

A punto de concluir, suspendidos en la especulación, una frase familiar pareciera ofrecernos un fin, pero vuelve a prolongar su resolución, ascendiendo y descendiendo con gracia hasta suspenderse con nosotros, y desde aquí dar lugar, con un tono casi sombrío de solemnidad, a la despedida digna de todos los músicos.

Escrita por Robert Plant y Jimmy Page para el cuarto disco de Led Zeppelin (1971) e interpretada por los guitarristas mexicanos Rodrigo y Gabriela en su segundo álbum de estudio (2006), “Stairway to Heaven” es una obra maestra que suele ser exigente con sus intérpretes y en el álbum “Rhythms del Mundo: Classics” del Buena Vista Social Club (2009), que benefició a la organización Artists’ Project Earth, el tributo es verdaderamente el epítome tanto de la composición como del talento de los intérpretes.

” And she’s buying a stairway to heaven… “

Led Zeppelin
Firmas de los arquitectos que diseñaron la escalera al cielo. Los símbolos aparecieron por primera vez en el mismo álbum en el que se lanzó la canción.
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Etiquetas: , , , , , , , , Last modified: 11 agosto, 2020
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