Los videojuegos son uno de los medios de entretenimiento más grandes del mundo, es una experiencia de la cual cualquiera puede formar parte. Desde sus inicios en los arcades al día de hoy, gracias al internet los juegos han sido una actividad muy social y con un sentimiento muy fuerte de comunidad.

Miles de amistades se han formado en los servidores en línea. Amigos con los cuales ganas una partida que parecía imposible, una solicitud de amistad después y terminas jugando y platicando con ellos hasta las 3 am. O esa relación que formaste con alguien iniciando sus pláticas sobre los juegos que más les gustan o los que con más anticipación esperan.
Poder pasar el tiempo jugando algo que disfrutes acompañado con tus amigos es una experiencia en la cual se pueden formar grandes amistades y recuerdos. Con el continuo crecimiento de la tecnología cada vez existen más formas de conectar con otras personas y esto es algo que los videojuegos hacen muy bien. Conectar a unos con otros, incluso creando sus propia maneras de relacionarse.
Así mismo como en todo existe un lado negativo, comunidades que no aceptan a los nuevos o incluso que llegan a discriminar a quienes son diferentes a ellos. La toxicidad ha sido una gran parte de algunos “gamers” que lamentablemente dañan la imagen de la misma comunidad. Aun así el potencial está ahí, la oportunidad de estar abierto a pasarla bien y compartir el gusto o pasión por algún juego.
Esto va por esas amistades que se han formado gracias a los juegos, esas personas que forman tu comunidad. Amistades que forman grandes lazos incluso a la distancia y pasando hasta las barreras del lenguaje.





