Las nuevas maneras de comunicarnos en el mundo sociodigital ha propiciado que el anonimato digital se vuelva en su aspecto negativo como el arma más cobarde y potencialmente poderosa; ha logrado posicionarse como la más asequible para su uso en nuestros días.
Posiblemente la democracia sea la más dañada en estos temas. El derecho a réplica, un face to face de saber con quién estás dialogando o discutiendo, la polarización de un tema. Diversas respuestas podemos encontrar en este mundo anónimo donde todos tenemos un username que nos protege contra todos y contra todo. El Internet de las Cosas (IOT por sus siglas en inglés) ha evolucionado y ha ido creciendo en conjunto con las nuevas generaciones de participantes ciudadanos que han crecido con sobre información y polarización de ideales.
Y lo podemos ver en el día a día, bastará con scrollear en su red social favorita para poder encontrar información polarizada sobre un tema. Feminismo, racismo, clasismo, política, sexismo, blackface, religión. Temas que sin ser expertos en cualquier plataforma podemos encontrar opiniones en defensa y en contra de las mismas. ¿Expertos? Para nada, ¿anónimos? totalmente.
Y es que la mejor herramienta de una persona anónima en la actualidad es un pseudónimo. Un nombre con el cual no se le identifique en la vida offline y que en ningún momento representa su verdadera imagen. Un alias, apodo, seudónimo o sobrenombre es el arma más ligera de llevar puesta pero con el gran peso que esta lanza desde su trinchera.
La participación del anonimato digital ha ayudado a que muchas personas levanten la mano y otras tantas no se sientan tan solas. Ha aportado a la generación de cambios cruciales de ideales y también ha propiciado el desprolijo del debate responsable de los mismos. Le ha dado una cara digital a la sociedad que por primera vez ha cobrado el peso que corresponde.
Se entiende que cualquier persona dentro del mundo sociodigital es librepensador y capaz de comunicarse de cualquier modo, pero basta tan solo un paso en falso para que el mar de comentarios negativos te salten en la cara para decirte qué estás haciendo mal, y todo desde el anonimato. Y es así como el poder de la información pasó de los ‘poderosos’ medios masivos de comunicación a los teclados de los usuarios de internet.
Sin embargo, la carencia de reglas morales, sociales, o incluso legales dentro del mundo digital ha permitido que cualquier ser con internet en sus manos logre expresar sus ideales y refutar contra los demás.
El anonimato digital va más allá de cuestiones culturales, geográficas o económicas. Hablamos de un gran grupo de individuos que se identifican entre las sombras como un ente participativo y con derecho de ejercer la opinión sobre la vida de los demás. Es un arma de doble filo que si bien tiene bastantes cosas positivas, la delgada línea crea también el uso indebido de la misma herramienta.

Sin lugar a dudas, hoy en día ser anónimo es parte representativa de la libertad de expresión. El uso indebido de un pseudónimo es lo que crea el sobre uso de opinión pública prejuicioso que accionan de manera negativa contra el otro. Seamos conscientes de nuestra participación en una vida offline y online, en donde nuestra identidad o hechos dentro y fuera de las redes sociales, representan nuestros valores o formas de ser ante este mundo tan tremulante.
Generemos conciencia. Hoy somos anónimos, pero nuestras palabras podrìan quedar marcadas en la psique de cualquiera que nos lea.





