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Inevitable Incertidumbre

Desde su nivel más fundamental, la realidad es de naturaleza incierta, inquieta. ¿No es una de nuestras más confiables afirmaciones un especulativo “creo en mí”?

A nuestra escala cotidiana, la incertidumbre no es tan evidente. Tenemos una percepción del cambio tan compleja que nos adaptamos naturalmente a la transformación de nuestro entorno directo. También hemos desarrollado sofisticados sistemas de proyecciones estadísticas y automatización que, extendiendo nuestras capacidades, aumentan nuestra confianza en el entorno menos inmediato.

Nuestras complejas percepciones nos permiten una cómoda sensación de control. Sin embargo, sabemos que nuestras certezas están fundamentadas en probabilidades. Podemos anclarnos en una verdad que consideremos inamovible y seguramente encontraremos los restos de una postura previa un poco diferente. ¿No nos permite esto ser libres de toda convicción? Tendencias van y vienen, trayendo consigo iniciativas, protestas, protagonistas, antagonistas; y todo en olas intermitentes de publicación masiva. Causas aparecen y desaparecen en redes sociales, respetando el péndulo que describió Schopenhauer. Serán contenido recurrente, eso es seguro, pero de la misma manera que en la economía y en el clima, la certeza es fugaz. Nuevo momento, nueva relevancia.

“Hasta el más valiente de nosotros pocas veces tiene valor para enfrentarse con lo que realmente sabe”

Friedrich Nietzsche, “El Ocaso de los Ídolos” (1889)

La incertidumbre es un aspecto intrínseco de la naturaleza de la realidad. Es natural, en realidad. Las más completas explicaciones son evidencia de que dejar de cuestionar es dejar de comprender. Todas las leyes científicas han sido descubiertas eliminando alternativas, removiendo las pequeñas probabilidades de que las cosas funcionen de otra manera. Y sin embargo, incluso nuestra capacidad de cuestionar es limitada. De modo que aún hay realidades “espeluznantes” (según un reconocido científico) más allá de nuestra comprensión. Realidades que están entrelazadas discretamente con nuestra propia existencia.

La vida solamente existe en un eterno presente;
sin conocer el futuro, pero atada a su inevitabilidad;
sin persecución del pasado, pero sin poder escapar de él.

Habita en una minúscula, indistinguible partícula del universo
y es estadísticamente inconcebible.

Y aun en esta improbable, minúscula existencia;
aun en esta extraña, pero bien estudiada realidad,
hay preguntas que ni siquiera podremos imaginar.

Fundamental incertidumbre.

Podemos entender, entonces, por qué Camus advierte que la sensación de que todo es absurdo puede mirar a cualquier persona a los ojos “a la vuelta de cualquier esquina”.

Incertidumbre determinista

Aquel científico que observó un comportamiento extraño y lo llamó “espeluznante” resistía apasionadamente a la propuesta de una incertidumbre fundamental. Protagonizó junto con Niels Bohr el debate más famoso y extenso de la ciencia, en el que ambos discutieron sobre el determinismo de una manera que haría aplaudir a Kant. Sus teorías han vencido cada prueba que les ha llegado con el tiempo y sus experimentos del pensamiento revolucionaron la conversación científica en más de una ocasión. Por supuesto, sería gracias a él que encontraríamos dónde refugiarnos de la incertidumbre. De hecho, en su aportación más famosa: la relatividad.

Albert Einstein creía, razonablemente, que la ignorancia es la única esencia de la incertidumbre. Nada de malo hay con no contar con toda la información o los mejores métodos, pero la realidad siempre es determinable. Que nosotros no podamos determinarla, limitados por una perspectiva relativa, le es indiferente. Argumentaba que no hay espacio para el azar en el universo, y que considerar a la incertidumbre de naturaleza fundamental es creer que “Dios juega a los dados”.

Naturalmente, la confirmación de estos principios, solo se encontrará en un experimento de observación inmune a la relatividad. Un experimento que pueda coexistir con la realidad más allá de nuestra percepción, y reportar el comportamiento sin involucrarnos. La filosofía y la ciencia comparten el hábito de desglosar premisas sencillas y profundizar en sus elementos. Constantemente se encuentran en el camino y se auxilian. Una provee el hábito de la especulación informada, y la otra la frialdad para eliminar opciones. Mientras más sencilla la premisa, más necesaria es la colaboración. Y cuando un experimento busca literalmente comprobar qué sucede cuando no estamos observando, ni siquiera se distinguen entre sí.

Testigos no presenciales

Logrando eliminar la incertidumbre, descubriríamos una realidad estable, siempre definida y, bueno, fundamentalmente determinada. ¿Qué resultado sería más “espeluznante”? ¿Qué resultado reconcilia una compleja percepción con una más compleja realidad, siendo menos indiferente hacia nosotros?

En este experimento, una sola partícula de luz sale disparada desde una cámara oscura hacia un par de rendijas. Atravesará una de ellas, para finalmente colapsar en un muro. La expectativa lógica es que, si la partícula atravesó por una de las dos rendijas, sabremos cuál fue al observar el muro. Si repetimos el disparo varias veces, aparecería la silueta de las dos rendijas en la pared, intuitivamente. Sin embargo, esto no es lo que sucede:

Tras múltiples disparos, aparecen en la pared varias columnas paralelas, separadas simétricamente. Las partículas disparadas toman una por una su posición en la pared, respetando un patrón de difracción, como una onda.

En efecto, el experimento toma lugar más allá de nuestra percepción. La partícula se dispara y pasa por las rendijas sin que conozcamos su trayectoria. Solo observamos a los impactos individuales, que respetan ese patrón. Este comportamiento tan contra-intuitivo ha sido también confirmado en electrones y en partículas mucho más grandes.

La interpretación más aceptada de este resultado es que las partículas no tienen propiedades físicas hasta interactuar con algo que espere que las tengan. Mientras sean libres de medición, se comportan como una onda de probables interacciones. Niels Bohr propone un indeterminismo esencial, independiente de la deficiencia de nuestras observaciones. Una aleatoriedad natural que solo podemos observar, y por lo tanto comprender, en contexto. Sugirió también que “se le dejara de decir a Dios qué hacer con sus dados”, pues defendía que la física se dedica a describir lo que puede observar de la naturaleza y no a decretar cómo funciona.

Limitaciones y paradojas

Contundente ganador del debate en aquel entonces, Bohr defendió este indeterminismo con un principio aún más enigmático que el de este experimento. Lo que no dejó a sus opositores opción alguna mas que considerar a sus observaciones “incompletas”, pues Einstein, junto con Podolsky y Rosen afirmaban que:

Si somos capaces de predecir con certeza el valor de alguna propiedad de un objeto sin perturbarlo en modo alguno, entonces esa propiedad debe ser considerada un “elemento de la realidad”.

A. Einstein, B. Podolsky and N. Rosen, Physical Review (1935)

Sostenían que cualquier teoría física debe tener a dichos elementos como principales protagonistas. Podemos asumir, por lo tanto, que en el experimento en cuestión, observar el comportamiento de las partículas antes de colapsar no perturbará su trayecto. Este fenómeno, recordemos, tomó lugar fuera de toda influencia, en un estado natural. Por lo tanto, cualquier perturbación implicaría que la trayectoria de las partículas no es un “elemento de la realidad”, de acuerdo con la previa definición.

Por supuesto, al colocar un sensor o generar cualquier tipo de registro de la partícula entre el disparo y el colapso, en el muro se plasmarán únicamente dos columnas paralelas. La trayectoria es lineal, y la partícula solo atraviesa una de las dos rendijas. Un nuevo giro a nuestras expectativas nos devuelve al resultado que esperábamos originalmente, y sin embargo, ¿qué resultado es más contra-intuitivo? Relatividad, de nuevo.

Podremos comprender la incomodidad de Einstein con la mecánica cuántica al recordar que este experimento se realizó con una partícula de luz. Una partícula que únicamente viaja a una velocidad, todo el tiempo, y precisamente a la más alta velocidad concebible. De modo que si puede decidir qué camino tomar, hay algo que sucede aún más rápido que el movimiento. ¿Puede la información viajar más rápido que la luz? ¿O cómo distingue la partícula qué comportamiento tener?

Versiones más complejas y estrictas que este experimento han confirmado con cada prueba que toda medición, registro u observación altera la proyección en el muro. No importa si colocamos un sensor capaz de registrar la energía del fotón que atraviesa el muro, generando una medición posterior al impacto. La partícula decidirá en función de nuestro conocimiento, identificándolo a una velocidad superior a la de la luz. El resultado sugiere, efectivamente, predeterminación, sin molestarse en ofrecer certeza.

Liberadora indiferencia

Parece que permaneceremos prisioneros de nuestra percepción. Continuaremos atrapados entre una compleja realidad externa y una limitada percepción interna. Y la temida indiferencia hacia nosotros por parte de ambas solamente se fortalece. Nuestras preguntas y certezas solo toman lugar en una experiencia subjetiva, lo que nos permite devolver la indiferencia, de acuerdo con el mismo Bohr.

Nietzsche lamenta que “a la verdad no le fue lícito en absoluto ser problema”, pues es esta la verdadera limitación. El filósofo antecede a Bohr con la conclusión de que “El mundo «aparente» es el único: el mundo «verdadero» no es más que un añadido mentiroso“; principio sobre el cual están cimentadas las aportaciones del científico. Habrá quien se adhiera a Einstein y la oposición, confiando en una frontera más lejana y menos imaginativa, aún a la espera de la aproximación correcta. No es ni más ni menos válido; es igual de indiferente.

“…prefieren echarse a morir sobre una nada segura antes que sobre un algo incierto […] esto es nihilismo e indicio de un alma desesperada, mortalmente cansada”.

Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y el mal (1885)

La realidad es inquieta. Se revela y se esconde a su propio tiempo, si es que lo maneja. La realidad nos arrinconó en este vacío y nos abandonó sin ofrecer mayor explicación. Sin embargo, todavía nos falta considerar una alternativa obvia, aunque poco discutida: la realidad misma está atrapada también en nuestra limitada percepción.

Un mayor misterio de entrelazamiento toma lugar en la misma premisa del experimento presentado. Pues, en efecto, ¿qué sería de la luz, si no pudiera ser observada? ¿O cómo se manifestaría el calor, sin que se distinga su ausencia? ¿Y cómo existiría un aroma sin un olfato que lo pueda percibir? La respuesta está en la misma retórica.

A través de nuestros oídos,

el universo puede escuchar sus armonías.

Somos los testigos a través de los cuales el universo es consciente de su gloria, de su magnificencia. “

Alan Watts

Sin un origen confiable, sin un destino certero, nos quedamos paralizados ante el incomprensible albedrío que se nos impuso. Ajenos al aspecto de la realidad “constituido por su esencia íntima; su núcleo; la cosa en sí”, de acuerdo con Schopenhauer. Condenados a la libertad de escoger por nosotros mismos nuestra esencia, como sugirió Sartre, a partir de nuestra existencia.

Albert Camus propuso que “si hay un destino personal, no hay un destino superior“, reconociendo una inescapable condena. Aceptando esta condena, nos ofrece una refrescante aproximación a la más completa representación mitológica de la condición humana. Concluye, sobre el eterno castigo del astuto Sísifo:

“Este universo, de aquí en adelante sin un amo, no le parece estéril ni fútil. Cada átomo de esa piedra, cada copo mineral de esa montaña llena de noche, en sí mismos, crean un mundo. El esfuerzo mismo del ascenso es suficiente para satisfacer el corazón humano. Debemos imaginar a Sísifo feliz.”

Artist: Kolesnikov Sergey |Title: ‘Sisyphus’ |Material: Canvas |Technique: Oil
Size: 75×75 cm / 29.5×29.5 in |Year of creation: 2017

Al fondo de cualquier defensa de algún propósito o sentido, siempre se encuentra la fe. Lo cual es afortunado, porque sobre esta podemos edificar la realidad que mejor nos parezca. Compartiendo algunas limitaciones, sentimentalismos o normas con unos, y soportando la incomprensión de aquellos que se niegan a ver que no es tan complicado ponernos de acuerdo.

Al menos eso nos permite esta inescapable, inevitable incertidumbre.

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Etiquetas: , , , , Last modified: 11 noviembre, 2020
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