Leer sus cuentos es vivir historias tan humanas y reales que llegan a tu vida como un balde de agua fría. Este febrero recordamos con cariño a Enrique Serna.
En estas épocas de enfatizar el amor y la amistad así como cualquier relación afectiva, me gustaría celebrar a Enrique Serna. Es un escritor mexicano que desde la primera vez que lo leí, me llenó el corazón de muchísimas emociones y el cerebro de muchas historias increíbles.
Hablar de Serna es sin lugar a dudas hablar de erotismo, pasión, entrega y amor -entre otras cosas-. Cada texto de este misterioso personaje te llena de un escozor como ninguna otra historia podría darte comezón jamás. Y es que resultaría incorrecto hablar solamente de una obra de él, puesto que cada una es peculiar y tiene su espacio en el tema que tocamos en este mes. Pero hoy, he decidido dedicarle el día del amor y la amistad a mi escritor favorito. A él y a sus personajes, a él y a sus letras. Y se lo quiero dedicar recomendando a ustedes “El Alimento del Artista”, un cuento de Enrique Serna.
Para ti, ¿qué es el alimento del artista?
Esta frase suele escucharse muy común y todos sabemos más o menos a lo que se refiere, una metáfora dentro del gremio artístico en donde se dice que todos vivimos de los aplausos de nuestros seguidores. En este maravilloso cuento, nos vamos más allá de un simple aplauso; un espacio en donde sin lugar a dudas abre puertas al deseo y la necesidad de preguntarte ¿cuál es tu alimento como artista?
“Dirá usted que de dónde tanta confiancita, que de cuál fumó esta cigarrera tan vieja y tan habladora, pero es que le quería pedir algo un poco especial, cómo le diré, un favor extraño, y como no me gustan los malentendidos prefiero empezar desde el principio, ¿no?, ponerlo en antecedentes. Usted tiene cara de buena persona, por eso me animé a molestarlo, no crea que a cualquiera le cuento mi vida, sólo a gentes con educación, con experiencia, que se vea que entienden las cosas del sentimiento.”
– El Alimento del Artista, Enrique Serna.
Aquel oscuro deseo que está en tu mente y que tan solo pensarlo se puede erizar la piel, puede resultar ser un gran alimento para el artista que llevas dentro. ¿Has dicho en voz alta tus deseos eróticos? ¿Has tenido oportunidad de disfrutarlos en consciencia plena?
Un tema tan delicado como un susurro en el oído, tan arriesgado como el primer beso y tan apasionado como una piel que no es la tuya, debe ser, sin lugar a dudas, un tema que en algún momento pasa por tu mente. Y Enrique Serna nos sirve en bandeja de plata ese deseo, nos lleva de la mano a la historia de una bailarina exótica y Gamaliel, su pareja de baile. Una historia terrenal que pone en puerta transparente un deseo no tan oculto que, para ellos, se vuelve su alimento como artistas.

Y es que hablar de un deseo transformado en fetiche es involucrar al menos a una persona extra en tu historia. ¿Cuáles conoces? ¿Cuáles estás dispuesto a experimentar? Todos hemos imaginado situaciones eróticas que nos pueden parecer apetitosas; así también hemos escuchado deseos que pueden parecernos un poco extremos. Lo que debemos aceptar es que cualquiera que sea, debe ofrecer placer, libertad y sobre todo consenso . No me gustaría hablar de ninguno en específico. Me gustaría que tú, querido lector, reflexiones sobre lo que pasa en tu mente cuando estás leyendo esto. Que le des una leída al cuento de Enrique Serna que hoy traigo para ti. Y ya por último y si no es mucho pedir, aplaudas. Feliz día del amor, el deseo y la amistad para ti, Quique.





